“Esta semana me enfermé. No era el plan, pero el cuerpo decidió por mí.”
La verdad es que no fue solo esta semana. El cuerpo venía pidiendo una pausa desde antes y no escuché.
Mis hijos me contagiaron una gripe de la que me ha costado salir. No porque tenga un problema de salud, sino porque no escuché a tiempo.
Y aunque me gusta romantizar la vida, encontrar significado en lo cotidiano y sostener ciertos rituales, lo cierto es que hay momentos en los que hago demasiado. Y en esos momentos, descansar deja de ser prioridad.
Hasta que el cuerpo decide.
Ahora, esta vida, hoy me exige habitar un cuerpo adolorido. Quedarme en la incomodidad y en la incapacidad de hacer lo que usualmente hago. Cuidarme de otra forma.
Porque el descanso, en el fondo, es eso: cuidado.
Habitar el ahora también es habitar el cuerpo. Este cuerpo que me contiene, que me ha traído hasta aquí.
Bendito cuerpo que ha sido vehículo y vasija para la vida y la muerte, para el amor y el miedo, para esto que soy (whatever that means).
Habitar el cuerpo también es aceptar la enfermedad. Recibir cuidados. Pedir apoyo. Reconocer que hay tiempo para todo. Temporadas para todo.
Este cuerpo, hoy, me pide pausa. No como detención, sino como atención.
Como una forma de volver. Otra forma de volver a mí.
¿Qué te está pidiendo el tuyo?
—
Cori
desde mar adentro