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Notas desde mar adentro

27 de marzo de 20261 min de lectura

“¿Cómo le hago para mantener esto que siento por más tiempo?”

Me lo preguntó alguien en consulta, con la claridad de quien está plenamente en el presente. Le dije que la capacidad de asombro también se cultiva. Que requiere cierta voluntad.

Porque después de la novedad, inevitablemente, nos habituamos. Nos habituamos a lo bueno y también a lo difícil.

Habituarnos es una habilidad valiosa, es lo que nos permite seguir.
Pero también es peligrosa.

Cuando nos habituamos a lo difícil, aprendemos a resistir, no necesariamente a transformar.

Y cuando nos habituamos a lo bueno, dejamos de verlo.
Lo que antes fue una bendición empieza a sentirse insuficiente.

Entonces nada alcanza.

Y ahí es donde el asombro se vuelve importante. No como algo espontáneo, sino como una forma de atención, como una manera de volver a mirar lo que ya está.

Quizá de ahí nace el agradecimiento.
Porque cuando algo vuelve a verse, también puede volver a sentirse valioso.

Recordarnos que hubo un momento en el que esto —este ahora, este trabajo, esta vida— era algo deseado. Que hubo un tiempo en el que era suficiente.

Cultivar el asombro también es detenerse.
Romantizar lo cotidiano.
Prestar atención a los pequeños momentos.

Esos que sostienen, de alguna forma, la experiencia de estar vivos.

Asombrarse no cambia la realidad,
sino que la vuelve más habitable.


Cori
desde mar adentro

Publicado originalmente por Corina en Substack .

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